HAMBRE O ANTOJO
“Y ahora nuestra alma se seca; que nada sino maná ven nuestros ojos”. Números 11: 6 Puedo escuchar la queja llena de hastío de este pueblo inconforme, rezongando como niños mimados que no obtienen lo que quieren. Los israelitas se cansaron del alimento de Dios, se hartaron de su sustento diario. No vieron más allá de sus propios ojos, no notaron la dulce provisión de Dios y su tierno cuidado para con ellos. Despreciaron al Señor por la codicia de su corazón. Dios los alimentó y les mostró su gracia y su gran amor, y ellos lo tuvieron en poco. Esa es nuestra naturaleza. Muchas veces nos quejamos de la provisión de Dios, porque no es lo que deseamos. Somos propensos a cambiar la perla preciosa por esferas de plástico pintadas de blanco nácar. Ellos no tenían que preparar el maná, Dios lo preparaba mientras dormían y caía con el rocío de la mañana. Y esto lo recuerdo cuando saco a Tita bien temprano en la mañana. Pero ellos querían la comida de Egipto, querían tener el pie de...