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Mostrando entradas de 2022

EL DESIERTO DE JOSÉ

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  Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; que para vida me envió Dios delante de vosotros… Y Dios me envió delante de vosotros, para que vosotros quedaseis en la tierra, y para daros vida por grande libertad. Así pues, no me enviasteis vosotros acá, sino Dios, que me ha puesto por padre del Faraón, y por señor de toda su casa, y por enseñoreador en toda la tierra de Egipto. Génesis 45:5, 7 – 8  Si hay una historia que a mí personalmente me cautive el corazón, es la historia de José. ¿Quién no ha derramado lágrimas de tristeza y de alegría al leer este hermoso relato? José tipifica a nuestro Señor Jesucristo y por eso su vida se hace aún más cautivadora. Cuando uno es niño en el Señor no se imagina todo lo que Él tiene que hacer en nosotros para llevarnos a la madurez. Me imagino que cuando José soñó sus sueños, no se imaginó todo lo que tendría que suceder para que el Señor los cumpliera en su vida. José soportó muchas cosas en su niñez y creo que una de las

UN TESORO DERRIBADO

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  ¿Cuántos tesoros tenemos todavía escondidos en el corazón?, solo Él lo sabe, hay otros amores que compiten con su amor. Al Señor no le toca nada fácil, hay muchos antagonistas en esta historia tratando de robar nuestra atención; sin embargo, el Señor nos corteja como solo Él sabe hacerlo para atraernos a una relación de amor con Él. Los tesoros deben ser derribados uno por uno en nuestras vidas en el momento indicado y a su manera. “Porque donde esté nuestro tesoro, ahí estará nuestro corazón” (Mateo 6: 21). “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”. (Marcos 12: 30). La vida de Jacob es muy interesante, en los últimos años me he dedicado a estudiarlo, ya que nosotros somos él, el trabajo de Dios con él es el trabajo de Señor con nosotros. Y hoy deseo reflexionar de algo que nos tocará a todos en alguna forma y en algún punto de nuestra vida. “Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y

DOS HERMANOS COMO EL AGUA Y EL ACEITE

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Mi abuela decía que todos sus hijos eran diferentes, ella tuvo doce. Me mostraba su manito y me explicaba que, así como cada dedo no se parece al otro, así eran los hijos. Y un día el Señor contó una historia de dos hijos muy diferentes. Se encuentra en Lucas 15, te invito a que lo leas de nuevo, sé que lo has leído un montón de veces, pero esta vez hagámoslo juntos. Los fariseos y escribas siempre estaban al acecho de Jesús, mirando en qué podían hacerlo caer, lo criticaban constantemente por comer con pecadores y publicanos. Los fariseos eran la casta religiosa de la época, eran una especie de vacas sagradas que no se podían tocar. Y en ese contexto el Señor les cuenta esta historia. El hijo menor de esta historia le pide la herencia a su padre antes de tiempo, pues esta solo se da cuando el padre fallece. Le correspondía un tercio de la herencia, ya que al hijo mayor le correspondían dos tercios, así estaba establecido en la ley. Y este Padre amoroso le dio su herencia, lo dejó en l

NUESTRAS HISTORIAS SIN CONCLUIR

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Ya les había contado que me gusta saber el final de las películas antes de comenzar a verlas, cuando alguien me cuenta una historia, quiero que obvie los detalles y me lleve hasta el final, pero cuando no hay final, cuando la historia queda inconclusa, incompleta y como en una especie de limbo, quedo frustrada y con una sensación de vacío en el estómago. En esta vida y con el Señor no siempre tendremos el final que deseamos, tendremos demasiadas historias sin concluir. “En fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas; sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y abrazándolas; y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra”. Hebreos 11: 3 Cuántos sueños rotos, historias incompletas, cuántas oraciones sin responder hasta el día de hoy, cuántas promesas que no se han cumplido, muchas de las cosas que deseamos y oramos por ellas están suspendidas en el tiempo y en el espacio, los días trascurren y no pasa nada, Dios está en silencio. Luchamos por algo que todavía n

LA BATALLA DE LA LUZ CONTRA LA OSCURIDAD POR MICHAEL CLARK

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Hace tiempo que no compartía artículos de otros autores, pero esta mañana recordé esta enseñanza de Michael Clark del 19 de diciembre del año pasado y el Señor me guio a compartirla, sé que será de bendición a sus vidas como lo fue a la mía.  LA BATALLA DE LA LUZ CONTRA LA OSCURIDAD Mejor es refugiarse en el SEÑOR que confiar en el hombre.  Mejor es refugiarse en el SEÑOR que confiar en los príncipes.  (Sal 118:8-9, NVI 2011) No hace mucho tiempo, la mayoría de los estadounidenses tenían “fe” en muchas cosas: fe en sus cuentas de ahorro 401k y en el mercado de valores, fe en los profesionales médicos, fe en la ciencia para encontrar todas las respuestas que necesitamos para enfrentar cualquier amenaza que nos amenace, fe en en nuestro ejército para salvarnos, fe en un dólar fuerte, incluso fe en nuestros políticos.  Pero es interesante cómo todas estas cosas en las que alguna vez tuvimos “fe” nos están fallando en todos los frentes.  El dólar se está reduciendo rápidamente, la inflació

APRENDIENDO A CAMINAR, NO A CORRER

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En la Biblia no dice por ningún lado: “ayúdate que yo te ayudaré”, pero sí dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…” Salmo 46: 10 ¡Qué difícil es esto para nuestra carne! Deseamos ayudarle a Dios de alguna manera porque creemos que sus métodos no son los correctos, que su tiempo es muy lento. La prisa es el enemigo número uno de nuestra espera en Dios. Queremos un Dios al estilo Forrest Gump: “Corre Forrest, corre”. Me causa curiosidad la lentitud de los métodos del Señor, nunca afanado. No iba al ritmo de los demás, iba al ritmo de su Padre. Mientras acusaban a la mujer sorprendida en adulterio, Él simplemente escribía en la tierra, no estaba ansioso por responderles; cuando le dieron aviso que Lázaro estaba muy enfermo, no corrió a verlo, se quedó dos días más; cuando le avisaron que su primo Juan el Bautista estaba en la cárcel, no salió deprisa a rescatarlo. Debió todo esto parecer muy raro a los ojos de los demás. Sin embargo, el Señor sabía esperar el tiempo de Su Padre