DANZANDO EN LA TORMENTA

Las tormentas me persiguen y siempre me toman desprevenida. Un día me sorprendió en medio del mar. Ese pequeño barco se agitaba salvajemente, parecía que se iba a partir. Todos los que íbamos ahí parecíamos pollitos mojados, mientras el guía nos decía, con una gran sonrisa, que nos levantáramos para ver la belleza de la isla de San Andrés. Yo me puse en pie, titiritando de frío, pero lo único que vi fue la lluvia y los fuertes vientos que levantaban las olas y los truenos que resplandecían a lo lejos. Fue un gran susto. Y el año pasado, mientras esperaba mi transporte, comenzaron a caer unas pocas gotas y, de un momento a otro, la lluvia se acrecentó, con granizo y un frío intenso. Los árboles comenzaron a moverse, de tal manera, que pensé que se iban a caer. Y en menos de nada, la lluvia se fue, el viento se calmó, los árboles se aquietaron y todo se quedó en silencio. Así son las tormentas de la vida, llegan de repente, te mojan, te despeinan, sientes un frío aterrador, mientras escu...