En el 2016, comencé a escribir artículos en este blog llamado: “En la escuela del Espíritu”. Fue todo un aprendizaje y el comienzo de una gran aventura como bloguera.
En el 2020 inauguré mi página web en la plataforma Wix. Y seguí escribiendo artículos en el blog de esa página web, al que titulé: “Escuchando su voz”.
En el año 2023 hice un curso de escritura y mi profesora nos dio la tarea de escribir diversas epístolas. Y me conecté con esto, me encantó.
Entonces me comencé a dar cuenta de que la gente dejó de leer los blogs y se comenzaron a desinteresar, pues las redes desplazaron a los blogs y estos se volvieron obsoletos. Comenzó el boom del contenido netamente visual, el doomscrolling (el hábito de consumir noticias negativas en línea de forma compulsiva) y los ads (publicaciones pagadas que las empresas realizan en la red social Instagram para promocionar sus productos y servicios) no solicitados cada tres posteos. La información se volvió efímera y superflua. Nadie quiere leer algo largo en redes.
Así que decidí escribir los artículos en forma de cartas personalizadas. Y ya que se perdió la costumbre de escribir cartas, pues era una buena práctica y una forma muy bonita de expresarnos, quise hacer de la escritura algo más personal, más íntimo, quise estar más cerca de los lectores, estar más presente.
Por lo tanto, cada quince días (jueves) escribo una carta (boletín virtual) muy especial para los suscriptores. Es como escribir los blogs de antes, pero ahora personalizados (aunque algunas cartas las comparto tiempo después en mi blog). Son cartas sencillas que animan, confrontan y edifican. Son palabras que pueden acercarte más a Dios y acompañarte en tu viaje. También comparto de mis proyectos de escritura, de mis pensamientos más profundos y de mis descubrimientos en la cotidianidad, cosas que quizás no cuento en el blog o en las redes sociales. Es un pequeño rincón que ha crecido de a poquitos. Y que me anima cada semana a compartir de aquello que aprendo en la intimidad de mi vida. Es un espacio que me hace muy bien, pues al escribir también aprendo y Dios habla a mi corazón.
Estas cartas (boletines virtuales) están escritas para gente que le gusta leer sin prisa y sin pausa, y que comparten conmigo el deseo de viajar más profundo en la vida de Jesús. Escribo de lo que me apasiona con honestidad, así muestre mi vulnerabilidad. Y lo hago siempre con todo el amor y la dedicación como si estuviera escribiendo un libro. Pensando en cada persona que las recibe y orando por cada una de ellas.
A veces no tengo claro el tema, entonces hago una pequeña oración, respiro profundo y dejo que las cosas fluyan. Luego pongo mis manos sobre el teclado y comienzo a escribir, y así encuentro el camino. Y otras veces, ya el tema está en mi corazón y Dios lo ha ido forjando poco a poco con el trascurrir de los días.
Este año deseo hacer crecer la comunidad virtual de estas cartas o boletines. Y pondré toda mi dedicación y amor en ello. Así que te invito a que te suscribas y nos encontremos por allí. Te llegará como obsequio un e-book de poemas que escribí en un momento muy importante en mi vida. Es como una especie de devocional para que puedas meditar en ellos. Cada poema lo acompaño con un versículo bíblico.
Si deseas suscribirte y hacer parte de esta comunidad virtual, dale clic a este enlace:
Y hablando de cartas, tenemos una carta de amor llamada La Biblia, y no te equivoques, no es un libro de instrucciones, ni de reglas a seguir, es la carta más amorosa que podamos tener de Aquel que nos ama como nadie lo hará jamás. Y mi mayor deseo es que esa sea la principal carta que leas este año y que te sumerjas en ella, no con tu mente natural, porque sería letra muerta, sin vida, Maná lleno de gusanos. Quiero que la leas con la mente de Jesús, para que Él convierta el agua de su Palabra escrita en vino y te deleites y conozcas cada vez más al Autor de ella.
Yo estoy leyendo el libro de Números y siento mucha alegría al saber que somos contados entre la familia de Dios. Para Él ninguno de nosotros pasa desapercibido, todos importamos, todos somos conocidos, todos somos amados. Él sabe el número exacto de todos sus hijos. Dios no es el padre de la película “Mi pobre angelito", ¿te acuerdas? Contaron a todos los niños menos a Kevin. Dios si te cuenta, no te olvida, Él no te pierde de vista. Y así como Dios estaba haciendo crecer el número de esos antiguos esclavos, también desea que crezcas cada día en la vida de Él.
Con amor,
A.L.
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