PALABRAS DE FINAL DE AÑO Por Adriana Patricia


Termina el año 2017, se fue como el relámpago que destella en el horizonte. Un año más cerca de la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Un año de retos y de logros alcanzados, de alegrías y de dolores, de pérdidas y de ganancias, de luchas y batallas ganadas. Pero lo más importante ha sido un año en que hemos sido sostenidos bajo la mano misericordiosa de un Dios que nos ama infinitamente, a pesar de nuestra naturaleza.

Dios en Su bondad y bajo Su Gracia, nos ha sostenido a pesar de todo. En medio de la dificultad no nos ha abandonado y en medio de la escasez, no nos ha faltado nada. A través de todo fuego nos probó y nos purificó y a través de todo aguijón nos trató.

Para mí fue un año duro, intenso y de mucho aprendizaje. Mi vida fue cobijada por mi Señor con detalles muy especiales, detalles tan maravillosamente diseñados para demostrarme Su gran amor, pero también para enderezar mis pasos. Su vara y Su callado fueron mi aliento en este año. Fui amorosamente corregida cada día.

Sé que este 2017 fue un año de toparnos cada día con la vida de Aquel que lo es todo en nuestras vidas, porque sin Él nada somos.

Vi el amor de Dios expresado en muchas personas, ellas hicieron el camino un poco más agradable. Unas llegaron, otras se quedaron y otras se fueron. Pero siempre aprendemos de las personas que Dios trae a nuestras vidas y cada una nos deja una huella en el corazón y en los recuerdos.

Gracias a todos los que apoyaron el lanzamiento de este segundo libro, los que con dedicación y amor en Cristo lo leyeron, espero hayan sido tocados grandemente por nuestro Dios. Gracias por leer cada publicación en el blog, es una manera de estar juntos.

Gracias a los que me permitieron entrar a sus vidas y compartir con sus familias.  Gracias a los que están pendientes de mí, aun en la distancia, y me llevan en sus oraciones.

Les deseo un año 2018 lleno de la misericordia del Señor, que sus vidas sean perfeccionadas cada día, corregidas en cada momento. Que sean hallados en la vida de Él, transformados a la imagen del Hijo del Dios y que podamos perderlo todo por el conocimiento de Cristo Jesús. Lo demás es añadidura y pasajero.  

Que el Señor nos haga como Lirios en medio de las espinas. 

Un abrazo fraternal. Adriana Patricia.

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