EN MEDIO DE LA AFLICCIÓN Por Adriana Patricia



“Por tanto di: Así dijo el señor DIOS: Aunque los he echado lejos entre los gentiles, y los he esparcido por las tierras, con todo eso les seré por un pequeño santuario en las tierras adonde llegaren” Ezequiel 11:16.

Ezequiel estaba exiliado en Babilonia junto a los cautivos del pueblo de Israel. Hombres como él y como Daniel, con corazón para Dios también fueron llevados allí.

“Acuérdate que Jesús el Cristo, resucitó de los muertos, el cual fue de la simiente de David, conforme a mi Evangelio; en el que sufro trabajo, hasta las prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa” 2 Timoteo 2: 8 – 9. Pablo estaba prisionero por causa de la predicación del evangelio.De perseguidor, pasó a ser perseguido. 

Este es el precio de seguir a Cristo, este es el precio de buscar un corazón limpio para Dios. Este es el yugo del yo. 

Pero hay un consuelo grandísimo, el Señor cuida de sus hijos, el Señor nos consuela en todas y cada una de nuestras tribulaciones. “Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también, por Cristo, nuestra consolación" 2 Corintios 1:5.

En las manos de nuestro Señor nada importa, venga lo que venga, porque Él cuida de aquellos que han amado a Su Hijo. 

El costo de abandonar nuestra propia voluntad es alto, el no vivir para nosotros mismos cuesta. El depender de Dios a cada instante y no depender de uno mismo posee un precio que hay que pagar. Vivimos solo por los intereses de Dios. El Señor nos conduce de una situación difícil a otra para llevarnos cada vez más profundo en Su vida. Nos guía a cumplir Su voluntad en medio de incomodidades y contrariedades. Se va una situación estresante, un vecino incómodo, un amigo o compañero de trabajo difícil, un familiar irritante, cuando llega otro. Pero es allí precisamente donde encontramos ese pequeño santuario en esa tierra de incomodidad, en esa cautividad, en esa pequeña prisión tangible o intangible; es allí justamente donde podemos recibir el tierno abrazo de Cristo y escuchar Su voz, porque sabemos que está quitando todo estorbo de nuestro corazón, lo que no le agrada de nosotros, esta tierra de aflicción nos acerca más al Señor que estando cómodos. 

Cada día trae su propio afán dijo el Señor Jesús, y cuando llegan esos días llenos de agitación solo podemos correr a Cristo y dejar que Él lleve nuestra carga, porque Cristo nos dice “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar” Mateo 11:28. Solo podemos descansar en Su provisión y en Su cuidado diario sin renegar y discutir con Dios. “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” 1 Pedro 5:7.

Jesús está en la tormenta, Él está en medio de tu Babilonia, a donde el Señor te llevó por un propósito, Él está en medio de toda situación como un tabernáculo, ahí está el Señor. Hay circunstancias que nos acompañarán a través del paso por esta tierra, no sé cuál es la tuya y soñar con que Dios nos quite esa incomodidad es una utopía, a veces pasaremos al otro lado de la orilla en esta condición actual, porque así lo decidió nuestro Señor Soberano. 

El pueblo de Israel anhelaba con volver a Jerusalén “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, mi diestra sea olvidada. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti, no me acordare; si no ensalzare a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría” Salmo 137: 1, 5 - 6.

Sin embargo, muchos murieron allí. Y también varios de ellos le sirvieron a Dios y se guardaron para el Señor en medio de su cautividad. No esperes a tener dinero, salud o lo que tú deseas para servir al Señor. No esperes a que se acabe tu incomodidad, tu cautiverio, tu prisión para amar y someterte a tu Dios, allí precisamente donde estás puedes amarle y servirle como Él te ordene. Quizás ese servicio sea callar y servir aquellas personas que te hacen daño, que te incomodan; darle gracias a Dios por tu enfermedad, por tu escasez, por tu dolor, por tu problema, por tu necesidad, rendirla ante tu Señor y dejar que Él obre conforme a Su voluntad. Tal vez en el momento menos esperado tu aguijón desaparecerá cuando dejes de quejarte y veas al Señor obrando en cada circunstancia de tu vida. 

Muchos llevan un gran peso en su corazón, un gran dolor, una gran falta, un gran azote, es un aflicción que se lleva en el silencio del corazón; no obstante, hay que seguir a Cristo a pesar de todo, seguir con la vida cotidiana y seguir haciendo lo que Dios nos ordena. Tener que seguir adelante a pesar de todo, sonreír y ayudar a otros mientras el corazón duele. 

Jesús llevó el dolor por su pueblo, por el pecador, el dolor de Su muerte en una cruz, tanto así que sudó gotas como de sangre; sin embargo, nunca dejó de hacer lo que Su Padre le ordenó, multiplicó los peces y los panes, convirtió el agua en vino, resucitó los muertos, sanó los enfermos, liberó a los endemoniados, oró hasta el amanecer, caminó kilómetros predicando las buenas nuevas, tuvo paciencia a Sus discípulos, hizo la voluntad de su Padre a pesar del rechazo religioso, de la burla, de la murmuración hasta de su propia familia. Llevó el yugo del yo. 

En medio de toda cautividad, de toda situación difícil, nuestra confianza está puesta en que Él será un pequeño santuario para nosotros, Él está ahí para cada uno, solo debemos someternos como hijos obedientes a Sus pruebas. Vivir para los intereses del Señor.

Señor te pido que el dedo tuyo escriba esta palabra en nuestro corazón y se haga real para nosotros.

”Por tanto nosotros también, teniendo puesta sobre nosotros una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos por paciencia, la carrera que nos es propuesta, puestos los ojos en el Autor y Consumador de la fe, Jesús, el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió el madero, menospreciando la vergüenza, y fue sentado a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12:1 – 2. Amén.

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