LA FE DE JESÚS QUE VENCE MI HUMANIDAD TERCERA PARTE Por Adriana Patricia


Mis queridos lectores, buenas tardes, agradezco su espera para esta última parte, realmente es un reto para mí escribir en estos momentos, debido a los dolores cervicales, si no estoy frente al computador todo marcha bien, pero cuando paso horas frente a este aparato, el dolor regresa. Esperemos que el otro año mejore, tengo en mente dos libros para escribir, pero si no mejoro, va a ser muy complicado. Confío en que todo saldrá bien con la Gracia de Dios. 

Espero que esta última parte sea de mucha edificación a sus vidas, como lo fue en la mía. 

En la vida diaria es donde hacemos una verdadera aprehensión de Cristo, usted nunca adquirirá un conocimiento profundo de la vida de Dios sentado en un instituto bíblico, créanme, lo digo por experiencia propia, usted podrá ser muy buen teólogo y lo felicito si lo es, pero el verdadero entendimiento de las profundidades del corazón de Dios lo tendrá en las situaciones de la vida diaria, allí es donde Dios se dará a conocer a usted y conoceremos acerca de nosotros mismos, en cada circunstancia de la vida usted tendrá que ser confrontado una y otra vez con su humanidad y Dios irá limpiando el terreno de su corazón. 

Hemos estado conociendo el corazón del Señor con respecto a Su fe, la fe de Cristo que es la que vence nuestra humanidad, no es nada nuestro, esa es la labor del Señor en nuestro corazón. Y hoy vamos a mirar un acontecimiento en la vida de Moisés y de Jonás. Este tema me gusta mucho, porque me identifico con esto. Dios ha estado tratando mi vida últimamente, realmente he estado siendo confrontada en muchas áreas. 

En Números capítulo 20, hay dos caras de una misma moneda. Está por un lado Moisés y por el otro, el pueblo de Israel. En Números 20: 8 el Señor le dice a Moisés: 

“Toma la vara y reúne a la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña en ojos de ellos; y ella dará su agua, y le sacarás aguas de la peña, y darás a beber a la congregación, y a sus bestias”. 

¡Qué profundo amor del Señor!, ¿verdad? 

Nuevamente, el pueblo de Israel se fue en contra de Moisés, porque no había agua y fracasaron una vez más en su dependencia del Señor. 

Realmente era una situación caótica, creo que si Moisés no hubiera tenido la seguridad del llamado del Señor a su vida, hubiera tirado la toalla en muchas ocasiones. A veces en diversas situaciones de la vida no tiramos la toalla, porque simplemente sabemos que Dios está en el asunto, muchas de las decisiones que pude haber tomado, a la gente quizá no le pareció, pero yo seguí adelante, porque sabía que el Señor estaba en ese asunto, eso es lo que hace que no tiremos la toalla, a pesar de todo. 

Y el pueblo de Israel es una muestra de lo que somos en nuestra naturaleza, es como si a usted le hace falta suplir una necesidad básica urgente y comienza a despotricar del Señor y a perder su fe; eso fue lo que hicieron ellos, habían visto el mar rojo abrirse, pero cada vez que les faltaba algo murmuraban y se enojaban contra Dios y contra Moisés. En algún momento de la vida nos hemos parecido a ellos, ¿verdad? 

La escasez de agua es un gran problema, uno gigante. Ellos eran aproximadamente dos millones de personas, además de su ganado, entonces sin agua la cosa era complicada. 

Ellos se enojaron mucho y atacaron a Moisés, se pusieron susceptibles, se autocompadecieron y quisieron morirse. No era la mejor actitud frente al Señor, pero en parte los entiendo. Que el Señor nos libre de autocompadecernos y querer inspirar lástima, y mucho menos desear la muerte ante las situaciones difíciles de la vida, siempre el Señor tendrá una salida para nosotros, la solución siempre está en Sus manos, así no lo veamos. 

El pueblo de Israel habló de forma muy teatral y muy locuaz, mejor hubieran utilizado su retórica para orar y hablar con Dios, pero no lo hicieron, en vez de eso, pelearon con Moisés. Moisés y Aarón se postraron ante el Señor y la gloria de Dios descendió y habló a Moisés las bellas palabras del versículo 8. 

Sin embargo, Moisés también se equivocó. Moisés falló tanto en hechos como en palabras, realmente perdió el control, se salió de los chiros como decimos en Colombia, no tuvo dominio propio y cometió el error más grande que le costó entrar a la Tierra Prometida. Primero, los llamó rebeldes y luego, golpeó la peña dos veces. Nosotros por la ira y por no tener dominio propio, podemos cometer errores enormes al actuar y al hablar. Cuántas veces hemos recibido palabras hirientes de otros, porque no fueron capaces de dominar su lengua o cuántas veces hemos herido el corazón de otros por dejarnos llevar de la ira. 

Dice Santiago 3: 2 – 6: Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, que también puede con freno gobernar todo el cuerpo. 

He aquí, nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y gobernamos todo su cuerpo. 

Mirad también las naves, siendo tan grandes, y siendo llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por dondequiera que quisiere la gana del que gobierna. 

Así también, la lengua es un miembro pequeñito, y se gloría de grandes cosas. He aquí, un pequeño fuego ¡cuán grande bosque enciende! 

Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Así es la lengua entre nuestros miembros que contamina todo el cuerpo, e inflama el curso de nuestra naturaleza, y es inflamada del infierno. 

Se acuerdan que el Señor dijo que Moisés era un hombre manso sobre todos los hombres de la tierra, pero con toda su mansedumbre, se enojó, y les llamó rebeldes, el Señor en ningún momento los llamó rebeldes, vuelva y lea el capítulo de Números 20, solo le dijo que hablara a la roca y ella daría su agua. Podemos ser fieles al Señor y amarlo, pero eso no nos impide que podamos perder los estribos en algún momento. Y eso es lo que el Señor tiene que vencer con Su fe en nosotros y con Sus tratos. Yo he perdido los estribos en muchos momentos y eso me ha costado la disciplina de Dios. Estoy aprendiendo a ser tarda para hablar, tarda para airarme y pronta para escuchar, me ha costado, pero ahí voy. 

Moisés estaba enojado, cansado, puedo entenderlo, una vez más se enojaron contra él, pero no se atrevió a decirle nada a Dios cuando se postró a orar; sin embargo, ante el pueblo se enojó en gran manera. Aprendamos a ser sinceros delante del Señor, mostremos lo que somos cuando estemos con Él, digamos lo que nos molesta, ahí es cuando Dios puede obrar en nuestras vidas. No tengamos máscaras delante del Señor, a Él no lo engañamos. 

La roca ya había sido golpeada en Éxodo 17; no obstante, esta vez no podía golpearla, no siguió las órdenes del Señor, él estaba fuera de control, se salió de casillas, él era un precioso siervo del Señor, fiel a Él, pero no pudo entrar a la Tierra Prometida por un error tan grande, esto no fue cualquier cosa amigos y amigas, tomemos nota de esto para pedirle al Señor dominio propio en nuestros actos y en nuestras palabras, porque ir más allá es deshonrar a Dios, es desobedecer, es perdernos de la bendición de disfrutar a Cristo como nuestra Tierra Prometida, es dejar heridas en otros y representarlo mal a Él. Necesitamos urgentemente que el Señor pase Su espada por nuestras lenguas y nuestros actos. 

Dios es un Dios de misericordia y de infinita bondad, Él les daba la provisión para sus necesidades básicas, pero no para satisfacer nada de su carne, Él los castigó enviando codornices cuando quisieron satisfacer sus deseos carnales; sin embargo, les proveyó maná del cielo cuando tuvieron hambre y cuando necesitaron agua se las dio con amor, porque Dios conocía sus necesidades básicas. Él no se ofendió cuando ellos le pedían lo básico de la vida diaria, pero si cuando eran codiciosos, ¿ven la diferencia? Ver Éxodo 16 y 17, y Números 11. 

Dios los había sacado de Egipto, era Su responsabilidad proveerles sus necesidades básicas, cuando el Señor se compromete en algo con nosotros, Él se encarga de sustentarnos, porque Él comprometió Su palabra, Él no se enojó con ellos, a pesar de que ellos se enojaron contra Dios y contra Moisés, Él les dio agua, era solo hablarle a la peña, y sabemos que la Peña es Cristo y el agua, es el agua de Su vida, era solo eso. 

Moisés representó mal a Dios al enojarse, ahí estuvo la falla, Dios no estaba enojado, pero Moisés si, qué fácil podemos equivocarnos en nuestros juicios hacia otras personas, qué fácil podemos juzgar una situación o una persona si no vemos desde la perspectiva de Dios, ¿verdad? Moisés se postró a orar, pero no se nos dice que le dijera a Dios el enojo que tenía guardado en su corazón hacia el pueblo, por eso cuando habló, escupió su rabia. Es mejor que no oremos cuando estemos enojados con alguien, porque podemos hacerlo en la carne y no en el espíritu. 

Que el Señor nos dé entendimiento en esta área mis lectores. Dios no estaba enojado contra Israel, pero si se enojó contra Moisés y Aarón, y nos lo dejó entrar a la tierra, porque no creyeron al Señor y no santificaron al Señor delante del pueblo. 

Dios no se enoja porque le pidamos acerca de nuestras necesidades básicas, Él sabe que tenemos necesidades y Él busca siempre glorificarse en todo para que le demos la gloria a Él en todas la cosas. Para el Señor Su pueblo no había hecho nada malo, sí, se enojaron y no debieron hablar de esa manera, pero estaban angustiados, tenían sed. Según Moisés el pueblo ofendió a Dios y según Dios no, había una pequeñísima desigualdad entre Dios y Moisés, que el Señor nos dé sabiduría al respecto para no decir cosas que el Señor no ha dicho. 

En ese momento el que desobedeció fue Moisés, no el pueblo, ellos tenían sed y Dios lo sabía, el Señor no es indiferente a nuestras necesidades, Dios no es un Dios de palo, simplemente quiere que aprendamos a confiar y a descansar en Él. 

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6:33 

Muchas veces el Señor se enojó con el pueblo de Israel y ya lo hemos leído una y otra vez, pero esta vez, fue diferente. Tenemos que tener cuidado de no acusar a alguien delante de Dios, cuando el Señor no está enojado, este es un tema difícil y debe ser tratado en nosotros de muchas maneras. Dios es Dios de infinita misericordia y Él sabe como disciplinar a cada hijo Suyo, nosotros no tenemos que meternos en eso. La fe de Cristo que vence nuestra humanidad puede tratar esta área en nuestra vida. 

El enojo de Moisés le costó, por eso el Señor nos dice: Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo. Efesios 4:26 

La única manera de sobrevivir al enojo es perdonando, necesitamos perdonar de corazón para no guardar ira por otros. Dios me ha confrontado en estos días al respecto, cuando no hay perdón, surgen las críticas y cuando no olvidamos llegan los recuerdos que duelen y esto hace daño. 

Debemos quemar la lista de cosas que nos han hecho, lamentablemente, las mujeres cometemos ese error constantemente en el hogar, aunque no es solo de nosotras, no es fácil, hay cosas que enojan el corazón y nos sacan de casillas, pero debemos tener cuidado de nuestra reacción ante los demás, somos representantes de Dios y debemos mostrarlo en la vida diaria. 

Anoche oraba al Señor que me blindara con Su amor, para que todo lo que otros dijeran de mí o me ofendieran o me juzgaran, me resbalara, para que sus ofensas no hicieran mella en mi corazón y para que pudiera tener la paciencia y la misericordia de Cristo con los demás. 

La susceptibilidad debe ser derrocada de nuestras vidas por completo, debemos tratar con respecto y con delicadeza a los demás, porque el Señor es Dios de todos. Creo que Moisés se llevó una gran sorpresa al ver el perdón hacia el pueblo y hacia él, la disciplina. 

Todo lo que pasó con el pueblo de Israel nos debe llevar a reflexionar acerca de nuestro caminar con Dios, podemos pensar que los demás están equivocados y tal vez, nosotros seamos los que estamos equivocados, preguntemos a Dios sobre cada persona y sobre cada asunto, que Dios nos abra los ojos para ver las cosas desde Su perspectiva. 

Podemos condenar a otros y Dios los está perdonando. Permitamos que el Señor limpie nuestro corazón de toda ofensa y que Él mismo se encargue de los demás, en Su tiempo y a Su manera. 

Jonás es otro ejemplo lamentable de lo que a veces somos en nuestra naturaleza, él se enojo, se deprimió al extremo y quiso morirse, se sentó debajo de la choza frente a Nínive para ver lo que iba a acontecer, Dios le envió la calabaza y luego el gusano la secó, se llenó de ampollas en su cara, con sus ojos enrojecidos y con su orgullo herido, solo porque Dios perdonó a Nínive y porque su profecía no se cumplió. 

La ciudad celebraba la alegría del perdón y la misericordia de Dios, y este lloraba y se deprimía porque Dios no los destruyó, su reputación como profeta fue destrozada, su orgullo fue aniquilado por el Señor. Nínive fue utilizada por Dios como instrumento para confrontar la vida de Jonás. Ver Jonás capítulo 4. 

La misericordia de Dios dejó al profeta mal, tengamos cuidado de no caer en esto. Él no pudo ver el perdón de Dios, no vio Su infinita bondad con un pueblo que se arrepintió de corazón, no oyó los gritos de júbilo por la misericordia inmerecida del Señor, estaba absorto en su tragedia, no pudo ver que Dios perdonó niños, ancianos y todo los demás, a través de ese gusano que secó su calabaza, el Señor le mostró su yo miserable, prefería su reputación, antes que la misericordia de Dios, tanto él como Moisés no tomaron en cuenta esto, el Señor lo metió de cabeza en esa ballena por tres días para que viera la condición de su corazón, creo que no la vio. 

Que el Señor nos enseñe acerca de esto y trate nuestro corazón. Solo la fe de Cristo obrando dentro de nosotros, vencerá nuestra humanidad, nuestro miserable yo. 

Señor, vence con tu fe lo que somos en Adán. Amén. 

Su amiga y hermana, Adriana.

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