REFORZANDO EL ABUSO SEXUAL EN LA IGLESIA

 


El tema del blog de hoy es delicado y estoy conciente de que levanta ampollas. Pero es necesario que te hable de estos asuntos porque son una realidad y no podemos mirar para otro lado y creer que nada está sucediendo. Y sé que mi voz es pequeña, como una diminuta barca navegando en el inmeso mar. Sin embargo, debo ser obediente a los pequeños empujones del Señor en mi interior.

El 12 de febrero publiqué un artículo acerca del abuso espiritual. Y hoy trataré acerca de los mensajes que se proclaman desde los púlpitos y en diversos libros cristianos que refuerzan el abuso sexual.

Y quiero que sepas que soy una sobreviviente del abuso sexual y también del abuso espiritual, ya que sufrí de matoneo y de maltrato por parte de autoridades religiosas y es por esto que soy una sobreviviente de la iglesia (frase que tomé del escritor Philip Yancey y que me encantó). El abuso sexual dentro de la iglesia, hace parte del abuso espiritual, es una de sus muchas ramas.

Y comparto este blog para que abramos los ojos y nuestro corazón se duela y oremos por estos hechos que son reales dentro de nuestro mundo y, lo peor, dentro de los muros de nuestras parroquias y congregaciones evangélicas.

Escuché una conferencia de Sheila Wray Gregoire, espero que también la escuches. Ella es una escritora e investigadora del abuso sexual. Hace poco realizó una investigación acerca de cómo muchas de las enseñanzas cristianas sobre el sexo permiten el abuso, no solo dentro del matrimonio, sino dentro del Cuerpo de Cristo. Su investigación identificó que estas enseñanzas conducen a las peores relaciones sexuales y a matrimonios menos felices.

Sheila y su equipo analizaron muchos libros cristianos populares sobre el sexo. Y algunas de estas enseñanzas indican que los hombres necesitan el sexo y es el trabajo de sus esposas dárselo sin condiciones y cuando ellos lo requieran, o sus maridos caerán en la pornografía o bajo un ataque satánico o bajo cualquier otra cosa terrible y será por culpa de ellas, porque no hicieron bien su trabajo. En palabras de Sheila: “Si tu marido tiene una necesidad que tú no tienes y si esa necesidad es de liberación física y si no obtiene esa liberación física caerá bajo un ataque satánico”. Muchos de estos libros analizados llaman “liberación física” a lo que debería llamarse intimidad. Estas enseñanzas, comenta Sheila, no son bíblicas, son lo que la iglesia decidió colectivamente y se ha hecho un gran daño con esto.

Escuchar esto me molestó mucho y me revolvió el estómago. Y trajo a mi mente muchas circunstancias de mi pasado. Si no has pasado por el abuso es muy difícil que puedas comprender lo que esto significa, como cuando alguien te dice que fue adicto a la heroína, es muy difícil que sepas lo que esta persona está sintiendo, pero sí puedes pedirle al Señor que te dé empatía, que te ayude a ver el dolor del otro con la dulce ternura de Jesús y te ayude a ponerte en sus zapatos para lograr comprenderlo de alguna manera.

Según las investigaciones de Sheila, la iglesia ha pintado a los hombres como si fueran creados por Dios para no poder hacer cualquier cosa menos que cosificar a las mujeres, lo que significa que es responsabilidad de las mujeres salvar a los hombres y luego vender el mensaje de que así Dios lo quiso. Algunos autores cristianos dicen que los hombres no tienen naturalmente esa visión cristiana del sexo, así que las mujeres fueron creadas con más Espíritu Santo que los hombres. Estas enseñanzas afirman que, en la mujer está el dar todo lo que su marido pide, para que no sucumba en el pecado sexual y según esos autores, ella debe estar feliz de hacerlo. Libros que alientan solo a orar cuando hay abuso y maltrato. (¡Qué absurdo!). Muchos afirman que, si la mujer se viste de tal manera es culpa de ella si el hombre la abusa. (¡Más absurdo aún!). Es como si la iglesia enseñara que Jesús salva a las mujeres para que ellas salven a los hombres. Entonces el hombre no puede ser honorable con las mujeres si las mujeres no lo respeten incondicionalmente, aun bajo abuso y maltrato.  

Sheila nos dice que, con mensajes como estos, no nos extrañemos de que las víctimas de abuso a menudo sientan que es su culpa si alguien las lastima (los abusados siempre creemos que el abuso es culpa nuestra por algo que hicimos que atrajo al depredador). Y tampoco es de extrañar que pastores como John McArthur traten de convencer a las esposas a quedarse, incluso si están siendo maltratadas y abusadas o como Tim LaHaye, que en uno de sus libros llama al esposo maltratador de su tía “un hombre infeliz”. Los patrones de abuso que vemos hoy en la iglesia son un síntoma de estas enseñanzas evangélicas tóxicas.

Ahora ya sabes ahora por qué me molestó. Entonces no debemos sorprendernos cuando oímos de pastores, líderes o sacerdotes que están violando niños, niñas, hombres y mujeres. Porque con todas estas enseñanzas se está reforzando un ambiente de abuso, haciendo ver a los hombres como débiles y a las mujeres como responsables por su pecado. En una oportunidad Manolo me dijo: “Los hombres no somos débiles, no te creas ese cuento, nosotros sabemos cuándo parar, otra cosa es que no queremos parar, llevados por la lujuria de nuestro corazón”.

Hace unos días salió la noticia de un pastor muy conocido en los Estados Unidos, que violó a una niña de doce años en su dormitorio y duró haciéndolo por cinco años. Y él tenía entre veinte y veinticinco años en ese momento y aunque los ancianos de la iglesia lo supieron, no hicieron nada al respecto. ¿Por qué? Porque siempre se le ha dado más gracia al abusador que al abusado. Y no, no se trata de juzgar, se trata de sacar a la luz la oscuridad, porque fuimos llamados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo.

Como escribió Mary DeMuth:

Enfrentarse a los agresores (y a los criminales y abusadores) no es juzgar ni chismear, es abrazar el manto de justicia que Jesús nos ha dado en este nuevo reino. No es chismear, es lo correcto, mencionar por su nombre a quienes han violado a niños, abusado de adolescentes, abusado de sus congregaciones o violado a personas en citas. La exposición genera cambios, la conciencia los genera. Esconderse nunca favorece el cambio dinámico. Fingir que todo está bien y replegarse en uno mismo para no juzgar no contribuye en nada a la causa. Los depredadores prosperan en sistemas de silencio. Florecen cuando la gente tiene miedo de denunciarlos. Por eso se salen con la suya y dejan cientos de víctimas, porque las iglesias son, lamentablemente, lugares fantásticos para esconderse. Transmitimos confianza con facilidad. Creemos que las cuatro paredes de la iglesia significan que nadie dentro nos hará daño. Como he dicho antes, Jesús nos recuerda que a quienes dañan a los inocentes les esperan piedras de molino. Si quitamos esas piedras de molino para no “juzgar”, eliminamos cualquier tipo de castigo por el daño. Y cuando lo hacemos, básicamente rompemos la piedra de molino en cientos de rocas, y luego las arrojamos a las víctimas. Decimos que el depredador es más importante que la presa”.

Y quiero que sepas que Dios ama a los depredadores tanto como a las víctimas, y si estos abusadores realmente se arrepienten de todo su corazón, piden perdón, asumen sus delitos sin culpar a sus víctimas y sin mostrarse como “los pobrecitos” y se dejan transformar el corazón por el Señor, será una gran libertad para ellos y una gran victoria para la Ekklesia de Cristo.

Si leíste mi libro “Las Batallas del Corazón”, sabes lo que significa para mí este tema, pues no lo escribí porque estuviera resentida con los hombres o porque justificara las acciones de alguna protagonista en especial. Lo escribí por obediencia, aun sabiendo que iba a exponerme e iba a ser criticada y malinterpretada, pero lo hice con la certeza de que Él estaría en el asunto y me defendería de todos los ataques del enemigo. No se te olvide que nuestra lucha no es contra carne y sangre. No debes enojarte con las personas que te critican o te acusan, pues las acusaciones dicen más de ellos que de ti. Solo podemos entregarlas en manos de Dios y seguir adelante. (Una lección para aprender una y otra vez).

Lo escribí porque es nuestra responsabilidad traer su luz a los lugares oscuros de esta humanidad y porque me duele el maltrato en todas sus formas, desde aquellos días cuando me sentaba a escuchar las historias de dolor de tantas mujeres en la sala de belleza de mi madre, tan solo tenía ocho años y ya me identificaba con ellas, pues yo era una niña abusada y mi madre no lo sabía (un niño no cuenta su abuso por los sentimientos de culpa y vergüenza que se generan, ya que el abusador es hábil para manipular la realidad). Así que, escribir este libro era saldar una deuda que tenía con las mujeres y con los hombres que se han encontrado de frente con el abuso y con todo aquello que ha roto su alma.

Y yo podría contarte muchas historias al respecto, pero hoy solo te contaré algunas: Un amiga estuvo a punto de ser ahorcada por su esposo en su sexto mes de gestación, este hombre era un misionero y respetado psicólogo; una vecina y amiga de mi niñez, fue golpeada brutalmente por su esposo, quien era un líder de una iglesia, la dejó tan hinchada que quedó irreconocible; una jefe y amiga que fue acosada por su pastor, quien también era mi pastor y luego fue despedida de la congregación y acusada de robo por no aceptar acostarse con él; y la semana pasada oí el caso de Sharon Clements, quien fue acosada y abusada por el pastor de su iglesia, hoy ella y su esposo dirigen un ministerio hacia todas las víctimas de abuso espiritual y sexual dentro la iglesia. Aquí puedes conocer su historia.   

Esto duele y bastante. Muchos de estos pastores, líderes, sacerdotes hablan de Jesús mientras abusan, violan y maltratan mujeres. Necesitamos que esto nos estremezca y nos duela para no permitir que estas enseñanzas sigan dañando a la iglesia del Señor. Debemos sacar a la luz todo esto, no para juzgar o criticar, sino para traer luz y libertad, para que se rompa el círculo de estas enseñanzas dañinas y no se siga desfigurando la imagen de Dios delante de un mundo caído que está viendo todo lo que sucede dentro de los muros de la iglesia.

La religión es el lugar perfecto para esconder muchas cosas, es la cueva favorita de los depredadores y esto no puede seguir pasando, nos tiene que conmover. Los líderes en pro de su liderazgo se sienten con el derecho de tomar lo que no les pertenece y abusan de su poder. Como escribí de David en “Las Batallas del Corazón”:

David se vistió de maldición porque el pecado llenó la copa de su corazón, como escribió T. Austin Sparks: “Los juicios de Dios suelen ser la confirmación de nuestras propias elecciones”. El pecado más grade de David no fue la violación o el adulterio o el asesinato, fue el abuso de poder. Fue juzgado por el tribunal divino y fue encontrado culpable, él no podía tomar lo que quisiera solo por ser el rey de Israel, él tenía que respetar, tenía que estar satisfecho con lo que Dios le diera y no tomar lo que no le correspondía. Y es una advertencia para todos nosotros, debemos contentarnos con lo que Dios no da, con su provisión, no podemos codiciar nada de los demás.

O estamos ciegos a estas cosas o nos hacemos los desentendidos, porque no hemos visto el narcisismo que se esconde en estas personalidades carismáticas que están en las congregaciones y que solo lo descubrimos cuando salen a la luz estos pecados sexuales. No son hombres que cometen pecadillos o meras indiscreciones, son hombres que arrebatan el honor de mujeres y de otros hombres para su propio placer y beneficio, creen que pueden tomar y salirse con la suya, creen que pueden saciarse y luego hacer de cuenta que no hicieron nada. Sus actos provocan traumas que pueden tardar años en sanarse.

Todavía lucho con algunas secuelas de mi trauma, me robaron una parte sagrada de mí, mi sexualidad. Mi perpetrador fue hábil en engañar a la familia y manipularme mientras él se divertía con lo sagrado. El daño es real y no podemos minimizarlo y decir: “perdone y ya”. Así como no podemos curar una llaga con simples curitas. Si estos hombres tuvieran realmente temor de Dios y su fidelidad a Cristo fuera real, no verían a las mujeres como presas, ni tomarían lo que no les corresponde; repararían a las víctimas, pagarían hasta las terapias si fuese necesario. Ver con más compasión al abusador que al abusado, es la muestra más grande que nuestros ojos están cerrados, que nuestro corazón ha perdido la ternura de Jesús, que estas enseñanzas nos han intoxicado y que no hemos entendido el daño tan grande que causa el abuso sexual. El abuso sexual es el arma más letal de satanás para destruir. El abuso permeó nuestras instituciones religiosas y esto no debería suceder. Es necesario que hablemos al respecto y saquemos a la luz todas estas enseñanzas falsas que están dañando los corazones.

Como escribió David Rubalid:

El trauma no es pecado. La ira ante la injusticia no es pecado. El duelo no es pecado. Las respuestas emocionales al abuso no son fallas morales […] La iglesia no se santifica silenciando a los heridos. Se santifica al confrontar el daño, decir la verdad y proteger a los vulnerables […] Las reacciones al trauma no son defectos espirituales, son la evidencia de que algo real ha ocurrido.

Contar mi historia de abuso no ha sido fácil, callé por muchos años, pero hacerlo ha sido liberador. El enemigo quiso destruirme, pero el Señor ha reparado lo que se rompió y ha reconstruido mi vida desde sus ruinas. Y lo puede hacer en ti y en cualquier persona. Un día me encontré con Jesús y con lágrimas en mis ojos le dije: “Si tú eres el Dios que dicen que eres, tú repararás lo que está roto en mí, me devolverás la inocencia que me robaron, restaurarás mi vida y sanarás mis heridas, serás el reparador de portillos de mi alma y llegarás hasta dónde nadie más puede llegar”. Y así lo hizo y lo sigue haciendo.

Hoy soy libre por la gracia de Cristo, aunque todavía lucho con algunas secuelas de mi trauma. Mi ventana de tolerancia es más estrecha y, a veces, tengo que utilizar mi polo a tierra para regresar al presente. La ansiedad aparece de vez en cuando y aunque ya no me chupo la mano, todavía me como las uñas y los amigos imaginarios se fueron hace rato. Ahora ya sabes que un abuso no es cualquier cosa. El trauma puede destruir a una persona y puede permear un matrimonio y acabarlo. Solo la gracia de Jesús puede restaurar lo completamente roto.

Y por esa misma gracia, nunca tuve rencor hacia los hombres, desde niña comprendí que hay hombres con buenos sentimientos, que no todos eran como mi abusador. Y también te digo lo mismo a ti, si te encontraste en la vida con un depredador o una depredadora, no todos los seres humanos somos así. Sí, hay gente herida que hiere a otra, pero no todos herimos a las personas solo por el hecho de haber sido heridos. Con el tiempo y por la misericordia del Señor, llegué a perdonar a mi abusador y a sentir una profunda compasión por él. Deseo de todo corazón que haya recibido el perdón de Dios y se le haya concedido el arrepentimiento. 

Hay mucho que contar y mucha tela por cortar a este respecto, mi testimonio es más profundo, pero por el momento lo dejaré hasta aquí.

Que Dios ponga carga en tu corazón por este tema y derrames tu vida en oración por las víctimas y por los abusadores.

¡Que Dios limpie Su casa!

Hasta la próxima publicación.

A.L.

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