NUESTRO SERVICIO A DIOS Por Adriana Patricia


NUESTRO SERVICIO A DIOS

Estos días han sido muy especiales, mi madre tuvo una pequeña cirugía y yo he estado al cuidado de ella en su recuperación. Por eso he estado un poco alejada del blog. Sin embargo, ha sido un tiempo muy especial otorgado por parte del Señor. Dios me ha dado enseñanzas preciosas en este tiempo. Y una de tantas enseñanzas es la que les presento a continuación.

“Bendita sobre las mujeres Jael, mujer de Heber cineo; sobre las mujeres bendita sea en la tienda” Jueces 5:24

Es claro que la mujer en la Palabra representa la Iglesia de Cristo. Por eso esta enseñanza está dada no solo para las hijas del Señor, sino también para los varones de Dios.

El pueblo de Israel volvió a hacer lo malo ante los ojos del Señor, como de costumbre, y el Señor los entregó en manos de Jabín, rey de Canaán, que reinaba en Hazor; Dios muchas veces nos tiene que apretar por medio de los impíos cuando estamos desobedeciendo, y somos tan descarados que le echamos la culpa al diablo de nuestras tragedias, en fin, sigamos.

Este pueblo tenía un ejército y su capitán era Sísara, quien había afligido al pueblo de Israel por veinte años, le estaba haciendo la vida de a cuadritos al pueblo de Israel, entonces ellos clamaron a Dios (cualquier parecido con nuestra realidad en el planeta es pura coincidencia ¿verdad?), ahí si clamaron a Dios para que los librara, en vez de procurar arrepentirse de todo su corazón por caminar su propio camino y no obedecer al Señor, pero bueno, prosigamos.  

Gobernaba en ese momento en Israel una mujer, que era profetisa y temerosa del Señor llamada Débora y por palabra profética del Señor a través de ella, Dios dijo que en manos de una mujer, Sísara sería muerto.

El pueblo de Israel quebrantó a filo de espada a este ejército hasta no quedar ni uno, pero Sísara huyó, y llegó a una tienda y en esta tienda estaba Jael.

Dice la Biblia, que Sísara se acogió a pie a la tienda de Jael mujer de Heber cineo. Y luego relata la maravillosa obra del Señor a través de la mano de Jael. Sísara fue muerto en manos de esta mujer. Las Escrituras solo dicen que Jael era esposa de alguien y que estaba en su tienda. No dice más.

Cuando venimos a pertenecer a Cristo y somos parte de Su cuerpo, existe un anhelo en servir al Señor, es un deseo que arde en el interior de nuestro ser para ser usados como instrumentos en las manos de nuestro Dios; otros anhelan púlpito, quizás otros desean ir a predicar a muchos lugares, evangelizar por todas partes, otros quisieran estar en un grupo de alabanza y demás.

Pero no se han dado cuenta que su principal servicio al Señor está en su casa, en su hogar y en su lugar trabajo, estos lugares se convierten en los sitios en donde el Señor va a usarnos como instrumentos de Él.  

¡Qué privilegio honrar al Señor desde nuestros propios hogares y nuestros trabajos! Ser los instrumentos en las manos del Señor en nuestra propia familia, en los lugares donde laboramos día a día, en los sitios en donde Dios nos ha puesto; allí en nuestra casa hay una esposa, un esposo, unos hijos, unos padres, unos hermanos, que necesitan escuchar lo que Dios tiene que decir, desde allí Dios puede hacer cosas asombrosas en otras personas, quizás sin decir una sola palabra, solo con el testimonio de nuestras vidas quebrantadas por el Señor.

Dios puede derribar enemigos, llevar a muchos a los pies de Cristo, incluso Dios usa maravillosamente a nuestra propia familia y compañeros de trabajo para disciplinarnos, quebrantarnos, enseñarnos, pulirnos y tallarnos para ser esos vasos de honra para Él. 

Esta historia de Jael sé que tiene otras connotaciones maravillosas, pero para esta enseñanza significa que no importa que estés en tu casa, sea porque eres un ama de casa o porque estás jubilado o sin trabajo o por las razones que sea o estés en tu trabajo, allí está tu servicio al Señor, este servicio sencillo, es un LLAMADO ALTO y Dios nos usará grandemente en el lugar en el que Dios no ha puesto, si nos dejamos usar por Él y no renegamos. 

Porque lamentablemente para muchos estos lugares no son dignos de su servicio al Señor, primero porque su carne no ha sido quebrantada y estos lugares no los dejan figurar; segundo, porque tienen la falsa creencia, quizás reforzada por algunos líderes religiosos, de que Dios los tiene que poner a predicar en un púlpito para sentir que sí le están sirviendo a Él o que tienen que abandonar sus trabajos o estudios o aislarse de su familia para servir al Señor. 

Dios nos usa en donde estemos, siempre y cuando nos rindamos a Su voluntad; el Señor llevará a muchos que necesitan de Cristo a tu hogar, también este será un campo de entrenamiento si el Señor quiere usarte en algo distinto más adelante, Dios llevará a los Sísara para darles muerte a donde te encuentres o simplemente te usará para dar de comer la comida espiritual a quienes amamos en nuestra casa.

Dios no llama a los ociosos, el Señor llamó a David de detrás de las ovejas, a Moisés cuando apacentaba las ovejas de su suegro y así a muchos de sus siervos; Dios llama a gente que anda ocupada en su hogar, lavando trastes y ropa, cocinando y barriendo, en ese lugar Dios te está hablando y está quebrantando tu vida; Dios te llama y obra en ti en tus labores diarias, sea en un humilde trabajo, frente a un computador o detrás de un mostrador, Dios está trabajando en el interior de tu vida para ser un instrumento poderoso en las manos del Señor.

Dios nos usa en donde estemos. Dios nos usa donde Él nos ha puesto y si tu hogar es ese lugar o tu trabajo, sea cual sea, hermano y hermana, ¡alégrate porque allí está tu ministerio!

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de buen ánimo, como al Señor, y no a los hombres” Colosenses 3:23 

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