EL NUEVO ÉXODO Por Michael Clark, George Davis y Douglas Weaver

CAPÍTULO OCHO

SEGUNDA PARTE


Como en los días de Noé y de Lot


Al ser preguntado sobre la venida de Su Reino, Jesús dijo a Sus discípulos como sería:


Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. (Lucas 17:26.32)


Al acercarnos al cierre de la era, la condición que prevalece sobre la tierra es idéntica a la que existía antes del juicio del diluvio y también del juicio de Sodoma. La iniquidad alcanzará su plenitud.


Antes de que venga el juicio, habrá negocio, como siempre. El hombre se corromperá completamente. Los hombres estarán comiendo, bebiendo, casándose y dándose en casamiento, comprando y vendiendo, plantando y edificando, hasta el mismo fin. ¿Qué dice Jesús en medio de todo esto? ¿Qué hay de malo en comer y beber? ¿Qué hay de malo en casarse y darse en casamiento? ¿Qué hay de malo en comprar y vender? Cristo se refiero al hedonismo de Caín, que llevó a la plenitud de la iniquidad antes del juicio del diluvio. El casamiento aquí se refiere a la mezcla simbólica de los hijos de Dios y las hijas de los hombres, lo que implica apostasía, además del fracaso del pueblo de Dios en mantener su integridad. ¿Es posible que el sembrado y el edificado del que Jesús habló, haga referencia a la labranza de la tierra y a la edificación de ciudades conforme al orden de Caín? ¿Es posible que el comprar y el vender tenga que ver con “las medidas” o los pesos injustos de Caín, que constituían fraude o robo tal y como tiene lugar hoy día en la América de los negocios hoy?

Antes del fin, la simiente de la serpiente estará manifestando lo peor, habiendo alcanzado su clímax para el juicio. Del mismo modo que la cizaña se ataba en manojos para ser quemada, así también habrá una recolección conjunta de la simiente maligna de Caín en la tierra, mientras traman el derrocamiento de Dios y de Su Reino. David profetizó de esta trama atroz cuando escribió:

“¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus
cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, Y los turbará con su ira.” (Salmos 2:1‐5)

“Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y
homicidio tras homicidio se suceden. Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.” (Oseas 4:1‐3)

En Salmos dos, vemos a los reyes de la tierra tomando consejo en contra del Señor y de Su Cristo para desechar sus cuerdas de influencia. En Oseas vemos el mismo corazón de rebeldía en los hijos de Israel, que rechazan (desechan) toda restricción. El fruto de esta rebelión está a nuestro alrededor por todas partes. Los del espíritu de Caín rechazan la verdad, no tienen misericordia en sus corazones, hablan cosas profanas, mienten, matan, roban y cometen adulterio y la tierra gime y se echa a perder.

Vemos por todas partes a la creación de Dios gimiendo con dolores de parto como una mujer a la que le ha llegado su hora. Cuanto más tratan los hijos de Caín de ponerse a arreglar con sus manos la destrucción que trajeron sobre la tierra como resultado de su rebelión contra Dios, peor se ponen las cosas. Es semejante a la forma de tratar el cáncer. Si no te mata el cáncer, te matará el tratamiento.

El hombre no puede esperar recrear lo que el Ungido del Señor ha creado, cuando sus propios actos hacen que la tierra gima con la sangre del justo Abel. La única cosa que podía salvar a la tierra del caos que ahora vemos es llegar a la unidad y a un acuerdo con el Ungido del Señor, el mismo que ellos tratan de desechar.

¿Cómo reconoceremos el tipo de Sodoma que será destruida en los últimos días? Puede que no sea lo que tú piensas. Ezequiel vio la decadencia de Sodoma en Jerusalén pero aún más en su día de profetizar delante del Señor.

“He aquí, todo el que usa de refranes te aplicará a ti el refrán que dice: Cual la madre, tal la hija. Hija eres tú de tu madre, que desechó a su marido y a sus hijos; y hermana eres tú de tus hermanas, que desecharon a sus maridos y a sus hijos; vuestra madre fue hetea, y vuestro padre amorreo. Y tu hermana mayor es Samaria, ella y sus hijas, que habitan al norte de ti; y tu hermana menor es Sodoma con sus hijas, la cual habita al sur de ti. Ni aun anduviste en sus caminos, ni hiciste según sus abominaciones; antes, como si esto fuera poco y muy poco, te corrompiste más que ellas en todos tus caminos. Vivo yo, dice Jehová el Señor, que Sodoma tu hermana y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus hijas. He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi. las quité.” (Ezequiel 16:44‐50)

El mundo de Caín está lleno de arrogancia, abundancia, prosperidad y frialdad hacia las necesidades de los pobres. Un mundo en el que la media religiosa aborrece la influencia de su Marido, el Padre. Un mundo en el que aborrecen a Sus hijos, los verdaderos santos de Dios. Suena a negocio, tal y como sucede en América y en sus iglesias mundanas.

Sodoma

¿Cómo eran los días de Lot? ¿Qué dijo Jesús de nosotros, que estamos en los últimostiempos?

La maldad de Sodoma es proverbial. Junto con su hermana Gomorra, Sodoma tomó el camino y la corrupción de Caín. Su iniquidad alcanzó el clímax—el clamor por ello alcanzó al trono de Dios. Se cree que Sodoma estaba localizada en llano sur del Mar Muerto, ahora cubierto de agua. Fue el lugar preferido de Lot, el sobrino de Abraham. ¿Dónde estaba Abraham mientras Lot vivía en esta ciudad maligna? Estaba en su tienda, lamentando— morando como extranjero en la tierra de la promesa, en la que incluso había llegado a alojar ángeles. Abraham rechazó las riquezas de Sodoma y también su forma de vida (lee Génesis 14:13‐23).

Dios envió mensajeros para testificar de primera mano la corrupción de Sodoma. Los hombres de Sodoma eran tan malvados que los jóvenes y los ancianos igualmente se juntaron frente a la puerta de Lot para tener relaciones sexuales antinaturales con ellos. Los mensajeros de Dios cegaron a los hombres de Sodoma, pero estaban tan corrompidos que aún estando ciegos, continuaron en su búsqueda lasciva. 

Los mensajeros del Señor ordenaron a Lot que dejara la ciudad y que fuera a las montañas para escapar del juicio de Dios, pero Lot se había convertido en ciudadano de corazón. Amaba las ciudades amuralladas y temía los peligros aparentes de las montañas. Confiaba en muros como protección. El camino de Abraham asustaba a Lot. Así que Lot clamó al Señor, “He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida.” Los lamentos de Lot no terminaron ahí. En contra de la instrucción del Señor, la esposa de Lot miró atrás y se convirtió en una estatua de sal. Es interesante que la palabra hebrea traducida como pilar signifique “tomar un postura”. Es como si la esposa de Lot se hubiera cerrado en banda y hubiera dicho: “No me muevo de aquí”. Después de haberse retirado a una ciudad pequeña sin ella, sus hijas emborracharon a su padre y cometieron incesto con él. Aunque Sodoma estaba destruida, Lot y su familia estaban aún impactados por su perversión.

Dios quería que Lot tomara el paso radical de fe y fuera a las montañas pero Lot pidió poder ir a una ciudad pequeña no tan corrupta. “¡Es pequeñita, Señor!” Dios sabía que puesto que como un poco de levadura leuda toda la masa, igualmente un poquito de corrupción continuaría corrompiendo a Lot y a sus hijas. 

Al caer el fuego del cielo, consumiendo a Sodoma, Abraham permaneció arriba en las colinas y “miró hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la tierra del llano, y miró y vio que subía humo de la tierra, como el humo de un horno”. Abraham estaba a salvo en las montañas. El lugar que Lot temía era un lugar de seguridad para Abraham. Una vez más vemos la fe del peregrino comparada con la corrupción del constructor de ciudades. Así va a ser al cierre de la era. Confiamos que el Espíritu Santo hará cualquier aplicación necesaria en vuestros corazones.

CONTINUARÁ...

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