EL NUEVO ÉXODO Por Michael Clark, George Davis y Douglas Weaver

CAPÍTULO SEXTO

LA REFORMA


“Recuerda de dónde has caído”

La palabra reforma dice mucho. Para que algo sea reformado, tiene que haber caído de su primer estado normal. La palabra implica degeneración y malformación. La iglesia tal y como la conocemos está de hecho deformada, solo teniendo una FORMA de piedad. El clamor del Señor a Su pueblo es, “Recuerda, pues, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las primeras obras… “(Apocalipsis 2:5).

La cristiandad cayó abrazando el paganismo y el orden de las viejas religiones del Judaísmo legalista. En la medida en que estos elementos extraños permanezcan en la iglesia, habrá aún necesidad de reforma, una necesidad de recordar de dónde hemos caído y arrepentirnos.

El Clamor de la Reforma‐‐‐“Salid de en medio de ella, pueblo Mío”

Todo comenzó con otro llamado al éxodo—un llamado escuchado por todos los verdaderos reformadores, escrito en el libro que predecía esas cosas que luego se cumplirían.

“…Salid de ella, (el Misterio Babilonia) pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apocalipsis 18:4)

Los primeros reformadores trataron de cambiar a la iglesia apóstata desde dentro. Un ejemplo de reformador es John Wycliffe de Inglaterra (1329‐1384).Wycliffe atacó valientemente al papado, golpeando la venta de indulgencias y otros ritos de origen pagano como la veneración o adoración de los santos. Pagó con su vida por esto.

John Huss de Bohemia (1374‐1415) fue otro que también oyó el llamado. Por causa de su devoción a Cristo, fue quemado en la hoguera. Sobre su cabeza le colocaron una corona de papel con los detalles escritos de su supuesta herejía. La llevó con alegría hasta su muerte, proclamando que era lo mínimo que podía hacer por Aquel que llevó una corona de espinas.

En su momento, los reformadores llegaron a definir la apostasía como “la cautividad Babilónica de los papas”, o como lo expuso Lutero, “La cautividad babilónica de la iglesia”. Esta postura cambió la imagen partiendo de una reforma interna para llegar a un éxodo. Los reformadores comenzaron a ver que la iglesia no podía ser reformada— que era una miserable ramera entregada a la destrucción del pueblo de Dios.

Comenzaron a salir, pero se alejaron muy poco. Como los hijos de Israel, se volvieron en sus corazones y adoraron las obras de sus propias manos. Construyeron instituciones estáticas y a pesar de todos los esfuerzos por lo opuesto, en breve estas instituciones tendrían un pronunciado parecido a los sistemas apóstatas de los que habían escapado.Salieron pero solo para abrazar de nuevo las caídas del sistema antiguo.

Esta tendencia parecida a la de Caín de enredarnos en sistemas y mentalidades que estorban y finalmente ponen en peligro nuestro avance se evidencia por la gran cantidad de afiliaciones denominacionales. La mayoría de estas denominaciones están ahogadas por las mismas limitaciones que instalaron para proteger su antaño poderoso movimiento. Habiendo salido de entre la leña seca de su día, sucumbieron ante lo mismo que había provocado su putrefacción. Como todos los movimientos que tuvieron lugar antes de ellos, se endurecieron rehusando avanzar con crecimiento fresco. Definiendo credos y haciendo borradores de ordenanzas, se endurecieron y resistieron cualquier clase de cambio. Es raro que la segunda generación tenga la visión de la generación fundadora.

En breve, algún alma valiente escuchaba de nuevo el llamado, salía y comenzaba un nuevo éxodo. Cuando esto sucedía, el grupo de la primera parte se establecía para matar al grupo de la segunda, de la misma forma que los escribas y los fariseos resistían a cualquiera que intentara salir de sus flancos. Tristemente, los que salían solo peregrinaban un tiempo corto antes de repetir los mismos errores. En cada caso, lo que comenzaba con el Espíritu degeneraba finalmente en un movimiento que se deterioraría aún más hasta convertirse en una institución. Y en breve, la institución se convertiría en un monumento inamovible o mausoleo, protegido por endurecidos eclesiarcas. Este círculo se ha repetido una y otra vez hasta el momento presente. ¡No ha parado nunca!

El factor revelador común en la desaparición de los movimientos de Dios es que los líderes cometen el mismo error de Caín. Cuando su sacrificio es rechazado, se apartan de la presencia del Señor y edifican ciudades en torno a su revelación, a las que dan sus propios nombres. Esta es la condición de mucho de la iglesia hoy día, especialmente en los Estados Unidos. Hemos construido grandes ciudades alrededor de muchas de nuestras revelaciones—la ciudad de los metodistas, los bautistas, los pentecostales, los carismáticos, y otros. Generalmente, esas ciudades se han convertido en cárceles y campos de muerte para los santos de Dios que se han atrevido a seguir al Espíritu. Los movimientos vienen y van, pero parece que las denominaciones duran indefinidamente.

Cuando las cosas se vuelven más estructuradas y complejas, Jesús es de nuevo dejado fuera de la puerta, llamando. En ese punto Dios llama a un remanente para comenzar de nuevo. ¿Te conmueve re‐evaluar tu diligencia y entrega en la carrera que hay por delante de ti? ¡Esperamos que así sea! Deja que Dios comience a hablarte respecto de las ciudades que has construido, o que estás ayudando a construir.

Hay mucha construcción hoy día, la mayor parte de ella carnal. La iglesia americana parece especialmente atraída por conquistar y construir, pensando que Dios se agrada de la mera expansión numérica y física. Se da una gran importancia al tamaño de una congregación o edificio. Incluso nuestro vocabulario está repleto de imprecisiones mientras seguimos neciamente llamando Casa de Dios o Iglesia a nuestros edificios.

A pesar de todas sus buenas intenciones y reformas, la iglesia occidental continúa con el marco y las formas del mundo, que constituyen una transgresión fundamental del orden de Dios. En la reforma, somos testigos de una serie de pasos progresivos hacia la restauración de todas las cosas. También vemos un principio. Lo que no avanza moviéndose con la nube de Su presencia, vuelve al camino de Caín y sale de la presencia del Señor para edificar ciudades.

El espíritu de Caín y de Nimrod es muy característico en su manifestación externa, porque siempre se mueve hacia la construcción de imperios, mediante hombres de renombre que fracasan en comprender la movilidad flexible de la ekklesia. Comprende que estos son líderes fuertes, dotados, con gran talento, que aparentan tener una visión y un propósito. Son fundadores de civilizaciones y dan lugar a hombres de negocio, artesanos, artistas y guerreros. Algunos de los descendientes de Can fueron Jabel, padre de los que moran en tiendas y tienen ganado; Jubal, padre de todos los que tocan la lira y la flauta; y Tubal‐Caín, el falsificador de todos los aperos de bronce y hierro. Nimrod estableció ocho ciudades incluyendo metrópolis tan grandes como Nínive y Babilonia.

Levantar imperios y dar a luz una descendencia llena de talentos y dotes no es lo mismo que una heredad piadosa.

Hoy, si un hombre emplea la correcta amalgama de prácticas de negocio sanas, técnicas de marketing y objetivos, sermones bien articulados, y por supuesto, los talentos de un equipo de alabanza bien a tono, puede amasar una gran cantidad de seguidores que estarán dispuestos a fundar su imperio. Con mucha frecuencia se ofrecen buenos salarios y ventajas para cazar hombres en la edificación del imperio, además de la posibilidad de exposición a una audiencia aún mayor para el avance del ministerio.

Dios siempre llama a sus hijos a salir de todo lo que siendo apóstata y fijo, rehúse avanzar hacia delante. Dios no está buscando constructores de imperio sino peregrinos como Abraham.

¿Cómo viviremos entonces? ¿Cómo forja esta verdad nuestra postura hacia el futuro? Hasta ahora nos hemos centrado en lo que Dios ha hecho y en lo que ya ha ocurrido en medio de Su pueblo. Ahora nos centraremos en como esas cosas afectan al presente y como tomarán forma al acercarnos al fin de la era. Dios establece tipos, sombras y señales que prefiguran sus propósitos futuros. Ocuparemos nuestros pensamientos en una de estas señales fundacionales en los próximos momentos.

CONTINUARÁ...

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