EL NUEVO ÉXODO Por Michael Clark, George Davis y Douglas Weaver

CAPÍTULO OCHO

PRIMERA PARTE



"VUESTRO PADRE EL DIABLO"


La simiente de Satanás surgió en el huerto como resultado de su exitoso engaño a la humanidad. Su simiente fue sembrada en sus corazones para que tomaran su propia búsqueda e intento de ser como Dios. Este fue el nacimiento de la religión tal y como la conocemos hoy, que busca determinar lo bueno y lo malo aparte del Espíritu de Dios. Un ejemplo perfecto de esto lo encontramos en la oración del Fariseo, “Dios, te doy las gracias que no soy como los otros hombres—extorsionadores, injustos, adúlteros, o incluso como este recaudador de impuestos. Ayuno dos veces en semana; diezmo todo lo que poseo.” Porque tiene conocimiento del bien y del mal, se juzga a si mismo como justo por sus obras muertas, y condena al humilde recaudador de impuestos que Jesús dijo que sería justificado (lee Lucas 18:11‐12). Eva pudo pensar que Caín era la simiente prometida, pero resulto que fue la simiente de la serpiente, el maligno (Lee 1ª Juan 3:12). 


Cuando Pablo escribió, “pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mi, y yo al mundo” (Gálatas 6:14), se refería al mundo de la religión. Este que claro cuando mirando al versículo anterior, que dice, “Porque ni aún los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne.” (Gálatas 6:13). Pablo se refirió a la religión como al mismo mundo y sus principios como a los rudimentos o elementos del mundo (Colosenses 2:8), expresando en el cumplimiento de las ordenanzas semejantes a “no manejes, no pruebes, no toques… conforme a los preceptos y doctrinas de hombres.” (Colosenses 2:20‐22).


“Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.” (Colosenses 2:23)

La simiente de la serpiente, que heriría el calcañar del Mesías, constituye la progenie de esta antigua religión que data del Edén y el engaño. Fue a esos hombres religiosos a quienes Jesús dijo, “Sois de vuestro Padre el diablo y las obras de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no permanece en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla de mentira, de lo suyo habla porque es mentiroso y padre de mentira”. (Juan 8:44).

Hebreos 11:4 revela que Abel habla aún estando muerto. Su propia vida fue una profecía que continúa hablándonos y revelándonos cosas hoy día. El espíritu de Caín es evidente en la mayoría de los hombres religiosos y matan la voz profética de Dios, actual y relevante. Sabemos que Caín mató a Abel, pero según Jesús, los fariseos fueron sus asesinos. Por tanto, Jesús vio la posición farisaica aliada con Caín.

Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor. (Mateo 23:34‐39)

Aquí Jesús traza el rastro sanguíneo desde Abel hasta Zacarías—un trazo de traiciones y asesinato—hasta el mismo portón frontal de Israel, Jerusalén. La nación de Israel una vez más se había apartado por el camino de Caín y su iniquidad había alcanzado el clímax. Había llegado el tiempo de su juicio, un juicio tan severo que ya había sido predicho por las palabras de Jesús, “He aquí, vuestra casa os es dejada desierta.”

Los fariseos y los saduceos son una representación clásica del hombre religioso. Jesús los llama serpientes conforme a su propio padre. La religión en general tiene la naturaleza de la serpiente, la naturaleza de Caín. La inquisición es una prueba adecuada de esto.

La víbora es una criatura interesante. Le gusta disfrazarse como algo que no es. Los fariseos que vieron a Jesús expulsar un demonio de un hombre dijeron que lo hacía por el poder de Belcebú, príncipe de los demonios. Jesús igualó esta blasfemia contra el Espíritu Santo con el pecado imperdonable. Después apunta hacia el discurso de ellos al decir,

“O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.” (Mateo 12:33‐35)

Estos hipócritas amaban exhibirse a si mismos como justos aunque condenaban a los hombres desde sus altos puestos en el Judaísmo, pero Jesús les dijo que eran menos que el vientre de una serpiente a los ojos de Dios. Porque eran de un árbol malo, el árbol del conocimiento del bien y del mal, solo podían producir fruto malo desde sus corazones perversos.

Hay una historia en la que Pablo se enfrenta a un naufragio en la isla de Malta en Hechos capítulo veintiocho. Mientras recogía palos para hacer un fuego y protegerse de la hipotermia, inconscientemente tomó una víbora con la mano. La criatura siguió actuando como un palo hasta fue a arrojarla al fuego. En ese instante se aferró sobre la mano tratando de matarlo. Pablo arrojó la víbora al fuego y Dios le protegió de su veneno.

Como la víbora, los hipócritas religiosos posan como algo inofensivo para ganarte y conseguir que te abras a ellos. Pero cuando te vuelves hacia ellos en busca de sanidad y de calor en un momento vulnerable, luchan por pegarse a ti, rehusando soltarte hasta que estés tan muerto como ellos mismos. Ni Jesús ni Juan el Bautista fueron engañados. Los llamaron como lo que eran, víboras espirituales, y nunca les dejaron acercarse ni tampoco pusieron en ellos su confianza. Esta es una lección que muchos de nosotros hemos tenido que aprender por la vía difícil.

Trigo y cizaña


Jesús contó una parábola sobre los dos tipos de semillas plantadas en el campo de Su padre. Uno plantó trigo, un tipo de los hijos de Abel. El otro era una falsificación cercana llamada abrojos, plantada por un enemigo bajo la cubierta de la oscuridad. La historia es como sigue:


“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.” (Mateo 13:24‐30)


La frase “mientras dormían los hombres” nos llamó la atención. Los apóstoles fundadores y los padres de la Iglesia velaban por los lobos rapaces que surgirían en la nueva Iglesia que se estaba formando (lee Mateo 7:15 y Colosenses 2:8). Satanás mató a los apóstoles al principio menos a Juan, que se encontraba exiliado en una isla remota. En este sentido estos hombres dormían (lee Mateo 9:24). La ausencia de los apóstoles dio cabida para que Satanás viniera y sembrara la cizaña, cuyas enseñanzas están mezcladas con las verdaderas doctrinas de los primeros apóstoles hasta este día. “Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña”. Las semillas de lo falso habían sido sembradas en un principio.

Yo, Michael, hice un estudio sobre la cizaña hace unos años. En el país del trigo en el noroeste, donde yo crecí, se le llama avena silvestre, pero su verdadero nombre es cizaña barbuda. Esta cizaña en sí no es venenosa. Puede comerse y no hace daño. El problema es que aloja un hongo llamado Ergot Smut, que es mortal tanto para el hombre como para los animales.


También hay un problema con los hipócritas que se encuentran un refugio seguro en el campo de Dios. Un poco de levadura lo estropeará todo. Dios prohíbe a Sus siervos arrancarlos antes de la cosecha, no se a que el trigo se eche a perder en el proceso.

El agricultor trata con la avena silvestre pasándola por un trillo que primero quita la paja del trigo y luego lo repasa con un tamiz que permite a su vez que la cizaña pequeña caiga y sea desechada junto a la paja. El hongo mortal que alberga es apartado con la cizaña. Las pruebas en nuestras vidas quitan la paja, exponen y rechazan las influencias venenosas del enemigo, y dejan solo al trigo purificado para ser recolectado en la cosecha del Señor.

Una vez que el trigo es recolectado, está listo para ser molido y hecho harina fina. Los granos individuales del trigo pierden su propia identidad y toman la identidad del Señor, porque es entonces cuando nos convertimos en un pan con Él, el Pan de Vida.

Estos dos misterios se van desplegando simultáneamente. A la par que el hijo de perdición es manifiesto en su expresión conjunta, el misterio glorioso de Su cuerpo es comprendido y plenamente manifiesto. Entonces, la cizaña y el trigo serán conocidos por lo que cada uno es realmente.

CONTINUARÁ...

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